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viernes, 2 de enero de 2015

La estela de Naramsin

El autor del texto contemplando la
 
Estela de Naramsin
 
 
 
En su obra El Duodécimo Planeta (Héptada Ediciones, S.A., 1.990), el investigador Zecharia Sitchin, llama la atención sobre una estela sumeria localizada en el Museo del Lovre de París, que representa según los estudiosos al Rey de Akkad, el soberano Naramsin (2.300 a. C.).
Aseguran que esta estela celebra la victoria de Naramsin sobre sus enemigos en el campo de batalla. El propio rey ocupa la figura central pisoteando a sus contrincantes con una lanza en su mano derecha, mientras observa desafiante a lo que parece ser una montaña con un extraño diseño cónico y sobre la cual a su vez se pueden apreciar claramente al menos, dos cuerpos celestes, aunque se adivina un tercero un tanto deteriorado arriba del todo.
En primer lugar, extraña enormemente la afirmación categórica de que la figura central de toda esta escena sea la del Rey Naramsin, pues como bien es sabido por los especialistas en la cosmogonía, mitos y leyendas del oriente medio, los dioses sumerios al igual que otros muchos de la zona, siempre eran representados con un casco con cuernos, como el de la figura que supuestamente representa al soberano de Akkad.
Pero lo que más llama la atención es sin duda, la presencia de “dos soles” (o más) en el firmamento, precisamente sobre la cumbre de una no menos sorprendente montaña, y que Zecharia Sitchin asocia más a la figura de un cohete por muy fantástico que pueda parecer. ¿Por qué hay al menos dos cuerpos brillantes sobre el cielo? ¿Representa esta escena algún acontecimiento astronómico de relevante importancia en aquella época y no el de una simple exaltación a la figura épica de un rey?.
Basta decir que el propio Sitchin, así como otros investigadores sostienen la teoría de que los antiguos sumerios conocían la existencia de todos los planetas del Sistema Solar, desde Mercurio a Plutón, éste último descubierto a principios del siglo XX. Y la presencia de un planeta más, con una órbita alrededor del Sol gigantesca (cada 3.600 años), del cual procedían los “nefilim”, los dioses de su panteón y que en sus principios fueron el génesis de la vida sobre la Tierra y la causa de la rápida evolución del hombre en nuestro mundo mediante intervención genética.
Aún hoy sigue siendo un misterio para la ciencia el establecer el origen de la civilización sumeria, aparecida de la noche a la mañana, con una estructura social extremadamente compleja. La agricultura, la metalurgia, la alfarería, la música, la medicina, las leyes, etc, etc,… alcanzaron una dimensión totalmente desconocida en un periodo brevísimo de tiempo, después de más de dos millones de años de una evolución aparentemente lenta y sin grandes sobresaltos, en la que el hombre había estado más cerca de un estilo de vida animal.
Para los sumerios, al igual que para otros muchos pueblos de la antigüedad, sus dioses fueron seres de carne y hueso que un día habitaron entre ellos y de los que aprendieron numerosas actividades y normas de convivencia. Realidad o mito, esta es una constante fija e invariable que se repite sin cesar a lo largo de todas las antiguas culturas del mundo.
 
 
 
En la primera imagen tenemos un sello del tercer milenio a. C., conocido con el nombre de VA/243, extraído del libro “El Duodécimo Planeta”.
 
A la izquierda entre dos figuras se aprecia lo que Sitchin ha identificado como el Sistema Solar, en una muestra clara de los elevadísimos conocimientos astronómicos de los sumerios. En la imagen de abajo vemos un esquema más claro de dicha representación y que Sitchin define de la siguiente manera:
 
 
 
 
 
“……Al observar detenidamente una ampliación del Sistema Solar representado sobre el cilindro VA/243, se puede observar que los “puntos” que rodean la estrella son de hecho esferas. Al pequeño Mercurio le sigue un Venus más grande. A la Tierra, del mismo tamaño de Venus, le acompaña una Luna pequeña. A continuación, en dirección contraria a las agujas del reloj, se ve a Marte, más pequeño que la Tierra aunque más grande que la Luna o Mercurio. Luego la antigua representación muestra un planeta desconocido para nosotros, bastante más grande que la Tierra aunque más pequeño que Júpiter y Saturno, que se observan claramente a continuación. Más adelante, otra pareja concuerda perfectamente con nuestros Urano y Neptuno. Por último, también se encuentra allí el pequeño Plutón, aunque no donde lo ubicamos en la actualidad (después de Neptuno), sino entre Saturno y Urano……”
Las anomalías detectadas con el nuevo planeta entre la Tierra y Júpiter, y la extraña ubicación de Plutón, corresponderían a la irrupción cada 3.600 años de un planeta extrasolar que en sus origenes desvió la órbita de Plutón a su actual posición y que chocó seguidamente con un planeta situado donde se encuentra el cinturón de asteroides, que serían los restos de esa colisión. Posteriormente , lo que quedó del planeta acercó su órbita al Sol, y es nuestro actual mundo, la Tierra. Los antiguos sumerios llamaban al planeta del que se desgajó la Tierra, Tiamat, y al planeta intruso que originó el choque, Nibiru, de donde procedían sus dioses. Según la mitología sumeria de este choque surgió la vida en la Tierra. Hoy en día, son muchos los científicos que opinan que la vida en la Tierra tal vez tuvo su inicio por la presencia de organismos extraterrestres procedentes de meteoritos u otros cuerpos del espacio exterior que impactaron hace millones de años sobre la Tierra.
 
 
CARLOS E. CASERO      

lunes, 29 de septiembre de 2014

Las líneas de Nazca

En una extensión que abarca casi 50 kilómetros de longitud y 15 kilómetros de ancho se encuentran emplazadas las conocidas mundialmente con el nombre de las "Líneas de Nazca". Este lugar es denominado por los habitantes de la zona como "la pampa colorada", y está formado realmente por cuatro pampas: Nazca, Socos, Ingenio y Palpa. Su ubicación las sitúa entre los kilómetros 419 y 465 de la carretera Panamericana Sur, cerca de la ciudad de Nazca, fundada en el año 1.595 por el Virrey García Hurtado de Mendoza, en lo que era uno de los asentamientos de la antigua cultura prehispánica de los nazca.
Descubiertas por el arqueólogo norteamericano Paul Kosok, de la Universidad de Long Island en 1.939, fueron posteriormente estudiadas casi hasta la actualidad por una de sus discípulas, la alemana María Reiche. Las características especiales del terreno donde se encuentras dibujadas las docenas de figuras de animales, formas geométricas y líneas aparentemente sin sentido, han permitido una conservación excelente después del paso de los siglos. Se cree que todo el conjunto de las Líneas de Nazca fueron realizadas progresivamente entre los años 300 a. C. y 900 d. C. En este apartado rincón del mundo, la lluvia apenas cae durante unos pocos minutos una vez cada dos años. Las piedras oscuras de la superficie forman una especie de colchón de aire caliente que impide la acción del viento, y además, la composición del suelo contiene el suficiente yeso como para que al contacto del rocío de la mañana, haga que las piedras queden adheridas por su base al suelo.
Son aproximadamente unas 300 imágenes o geoglífos los que se pueden encontrar diseminados por toda la zona. Animales y figuras geométricas son las más numerosas, aunque existen también algunas con rasgos humanos, y todas ellas rodeadas de infinidad de líneas y pistas que surcan en todas las direcciones la amplía pampa, formando algunas de ellas, enormes dibujos trapezoidales de varios kilómetros de longitud.

Todo este enorme despliegue de formas apenas es apreciable desde la superficie siendo únicamente posible verlo en toda su magnitud desde el aire. Ante esta situación surgen inmediatamente dos preguntas: ¿Para qué hicieron los antiguos habitantes del Perú estos dibujos?, y.... ¿cómo lograron realizar esta gigantesca obra?. Tanto María Reiche hasta el momento de su muerte, como la mayoría de los investigadores coinciden al afirmar que, todo el complejo de Nazca es un gran calendario astronómico, que ayudó en su momento a las ceremonias religiosas y a planificar la agricultura de los lugareños. Del mismo modo afirman que la ejecución de tan singulares dibujos sólo pudo ser realizada con métodos rudimentarios propios de la época.

Si bien muchas de las líneas y formas que componen la totalidad del conjunto de Nazca están orientados a diferentes astros y constelaciones, no es menos cierto que distintos estudios realizados con avanzados programas de ordenador han sacado a la luz, que no más del 20 por ciento de estas líneas y figuras poseen una orientación astronómica, lo que ha hecho pensar que todas las orientaciones o al menos gran parte de ellas, no sean más que el producto de la casualidad, dado el elevado número de formas existentes. No se explica del mismo modo que tuvieran que recurrir a estos dibujos para planificar el movimiento de los astros, para así poder organizar la agricultura, teniendo numerosas referencias geográficas (picos, cerros, montañas) en la zona, que bien podrían haber cumplido igualmente esta misma misión.

Por otro lado, resulta enormemente complejo el poder realizar dibujos tan cuidadosamente trazados a través de cerros y barrancos sin desviarse de su dirección original. Se ha llegado incluso a plantear por parte de arqueólogos conservadores y poco dados a fantasías que, los indios nazca eran poseedores del conocimiento del vuelo, y que habían desarrollado un sistema de globos aerostáticos que les permitieron ejecutar desde el aire, estos monumentales dibujos. Incluso existen indicios documentales, como el relato de diferentes conquistadores que aseguraron haber visto a los indígenas volar en naves por el cielo, y también el experimento llevado a cabo por Julian Nott y Jim Woodman, consistente en hacer volar un globo al que bautizaron con el nombre de "Cóndor", construido con materiales de la zona de Nazca, logrando remontar el vuelo a una altura de 200 metros.

Sin embargo no hay ni una sola representación gráfica de estos globos pre-incaicos en las numerosas muestra de cerámica recogidas en toda el área, y en donde si aparecen constantemente el mismo tipo de dibujos y formas geométricas que se dibujan en toda la zona de las pampas de Nazca.
Otros por el contrario, como es el caso del investigador suizo Erich Von Däniken, no han dudado en señalar que este emplazamiento sirvió como zona de despegue y aterrizaje de naves voladoras por parte de visitantes de otros mundos, que utilizaron un lugar debidamente señalizado para poder enviar desde naves nodriza orbitando en el exterior del planeta, vehículos más ligeros de transporte a la superficie de la Tierra. Esta teoría no explica muy bien la presencia de los distintos y numerosos dibujos, y además, lo abrupto del terreno y la delicada superficie de polvo que cubre el suelo, tampoco parecen favorecer el aterrizaje de pesadas naves. Existen también, antiguas leyendas incas, que se refieren a la presencia de un mítico rey llamado Antarqui que logró vencer a sus enemigos dirigiendo a sus ejércitos desde el aire.

Sean cuales sean los motivos que impulsaron a sus constructores, permanece como uno de los mayores misterios al que la arqueología se ha enfrentado, y al que por el momento no ha podido dar respuestas satisfactorias.

Gran parte de la dificultad de poder encontrar posible soluciones, comienza con los perjuicios que conlleva el admitir que existen numerosas evidencias repartidas por todo el mundo que señalan inequívocamente el alto conocimiento de aeronáutica de los pueblos de la antigüedad y que iremos desgranando poco a poco en otros artículos en Tercera Vía.

Hoy en día, esta zona arqueológica Patrimonio de la Humanidad, corre un serio peligro de desaparecer. Las columnas de polvo que levanta el incesante tráfico que pasa a diario por la Autopista Panamericana, se están depositando gradualmente sobre la superficie de los dibujos y líneas. Si no se remedia, tal vez pronto estos maravillosos dibujos pasen a formar parte de una leyenda, como tantos otros lugares del mundo que han sido víctimas de la mano del hombre.


Carlos E. Casero